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Para algunas pequeñas y medianas empresas hacer una inversión en su propia marca es como tirar el dinero, gastar en humo o perder en algo que no se sabe muy bien donde va a ir a parar.

Algunas pymes prefieren tener entre sus objetivos más inmediatos, la venta. Claro, como todo el mundo. ¿Y a quien no le gustaría empezar su trayectoria empresarial vendiendo inmediatamente, sin invertir ni arriesgar un solo euro?.
Pongámonos por un momento en la piel del cliente comprador, ¿quien le compraría el producto o servicio a una empresa que apenas conoce?. La desconfianza que generaría el proceso de compra sería justo la barrera que impediría culminar exitosamente la venta. Quién, dónde, cómo, cuándo, etc. son solo algunas de la preguntas que las pymes deberían responder a priori sobre su empresa antes de comunicarse con los clientes. Quiénes somos, dónde estamos, etc.
Las pymes deben entender que la inversión en su propia marca es su principal plan de futuro, su plan de pensiones, su garantía de permanencia en el mercado y el sólido cimiento de un crecimiento sostenido en el tiempo.
Las primeras inversiones para las pequeñas y medianas empresas son las más duras de asumir ya que no evidencian resultados a corto plazo, como muchas quisieran, pero sí sientan las bases para una íntima relación marca – cliente que será la que mantengan sucesivas campañas de venta y fidelización a lo largo de la existencia de la empresa.
Una correcta y profesional combinación del mix de comunicación para la marca supondrá una garantía de éxito y el mejor futuro para la empresa.
Si grandes empresas como Coca-Cola tuvieran que vender su patrimonio y fondo de comercio, el gran margen de beneficio no estaría precisamente en su maquinaria, ni en sus instalaciones. Estaría en su marca.

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